AQUILES Y LA TORTUGA
Zenón de Elea, discípulo de Parménides, es recordado sobre
todo por sus paradojas que tratan de demostrar que el movimiento no existe, y
especialmente por la paradoja de Aquiles y la tortuga, que
afirma que sería imposible que Aquiles alcanzara a la tortuga en una carrera,
siempre que le haya dado cierta ventaja de partida.
Sabemos que Aquiles corre más deprisa que la tortuga (si no,
no podría alcanzarla y la paradoja no tendría sentido). Si le da ventaja, en el
momento en que Aquiles empiece a correr, la tortuga estará ya a cierta
distancia, en el punto A. Cuando Aquiles llegue al punto A, la tortuga habrá
avanzado hasta el punto B. Cuando Aquiles llegue a B, la tortuga estará ya en
C. Y así sucesivamente, hasta el infinito.
Aquiles tardará en alcanzar a la tortuga la suma de los
tiempos que necesite para alcanzar los puntos A, B, C… El tiempo total será,
por lo tanto, la suma de una serie infinita de números. El problema
es que Zenón piensa que la suma de una serie infinita de números tiene que ser
infinita, por lo que Aquiles jamás conseguirá alcanzar a la tortuga
(esta es la conclusión de su razonamiento). Esto, sin embargo, no es
cierto: existen numerosas series infinitas cuya suma es finita.
Una de ellas es, precisamente, la que calcula el tiempo que Aquiles tardaría en
alcanzar a la tortuga, según el razonamiento de Zenón.
Supongamos, por ejemplo, que Aquiles corre al doble de
velocidad que la tortuga, y usemos como unidad de tiempo el que Aquiles
necesita para alcanzar el punto A. Entonces la serie de tiempos del
razonamiento de Zenón vale 1, 1/2, 1/4, 1/8, 1/16… cuya suma
es 2. O sea, Aquiles alcanza a la tortuga en el doble de tiempo del
que necesita para alcanzar el punto donde estaba la tortuga cuando él empezó a
correr.
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